EXPOSICIÓN DE CARTELES DE CINE. ESCUELA POLACA DEL CARTE. COLMENAR VIEJO

15 - 30.11.2010

La Escuela Polaca del Cartel, reconocida en todo el mundo, nos enseña una muestra de su trabajo. A través del Instituto Polaco de Cultura y el Festival de Cine de Huesca, el concepto y la estética nos llegan en forma de cartel de cineconstruido no como pura publicidad sino como una manifestación artística.

Casa de la Juventud, de LUNES A VIERNES
15 al 30/noviembre/2010
de 10’00 a 14’00 y de 17’00 a 20’30 h.

expo_3

Un buen cartel artístico debe estar compuesto por numerosos elementos. Su función principal es, sin duda, la publicitaria: atraer la atención y transmitir información. Basado en una idea original y un proyecto interesante, el cartel debe –a través de la imagen, el signo gráfico y un lenguaje sencillo– comunicar instantáneamente un mensaje a los transeúntes, de un modo en el que su contenido genuino pueda ser correctamente interpretado. Por una parte, el cartel debe transmitir el “ambiente” del tema al que está dedicado, y por otra –mediante la belleza, el humor, el color, la gracia u otros elementos– atraer la vista y enfocar la atención del receptor, permitiéndole asimilar plenamente las intenciones del anunciante. Estos objetivos únicamente pueden alcanzarse manteniendo las proporciones adecuadas entre los elementos que conforman el cartel artístico, siendo necesario además que la colaboración entre el contratante, el diseñador, el impresor y el fijador de carteles se desarrolle correctamente. Es muy posible que, en un futuro próximo, los carteles impresos en papel sean sustituidos por imágenes visualizadas sobre pantallas casi planas, lo que llevará a la desaparición de los dos últimos eslabones de la cadena: el impresor y el fijador de carteles. No obstante, los contratantes deben confiar siempre en los diseñadores, y éstos a su vez han de estar debidamente cualificados para realizar su trabajo. Se trata pues de una profesión exigente, y el papel de la publicidad es extremadamente importante. Contrariamente a los pintores de caballete o grabadores, quienes disfrutan habitualmente de una libertad ilimitada, pudiendo dar rienda suelta a su imaginación, los diseñadores de carteles trabajan dentro de unos límites derivados de la temática y la recepción. Se espera que produzcan obras audaces y originales, de una calidad estética elevada, susceptibles de ser reproducidas mediante la imprenta y que hagan reaccionar vivamente a los transeúntes. Es muy fácil fracasar en el intento, y sólo alcanzan el éxito aquéllos que poseen el don de captar y resolver los problemas con grandes dosis de intuición y comprensión. Son precisamente las obras de estos autores, manifestación de su genio creador, las que merecen el calificativo de artísticas.
Me he dado cuenta recientemente de que ha transcurrido ya medio siglo desde que se dio a conocer ese fenómeno a escala mundial denominado Escuela Polaca del Cartel. Su fama se debe, por una parte, al trabajo de un equipo de docentes polacos formados en la época anterior a la segunda guerra mundial, y por otra, al de los jóvenes adeptos al arte de cartel, cuya iniciación se produce a mediados de los años cincuenta. El cartel polaco continúa hoy en día disfrutando de un gran reconocimiento, tan afianzado –a pesar de que muchos artistas que contribuyeron a su formación ya no están entre nosotros– que las personas con conocimientos medios del tema tienden a atribuir a cualquier buen creador de carteles polaco la pertenencia a la citada escuela. En numerosas ocasiones escucho a personas procedentes de todo el mundo expresar opiniones halagadoras sobre este fenómeno tan genuino, sin ser conscientes de que, para quienes lo vivimos de cerca, finalizó a finales de la década de los setenta.
Debemos recordar que hoy en día los carteles son creados y funcionan en un medio completamente distinto al que hace años favoreció su desarrollo y determinó su forma. Por otra parte, la cultura visual de la sociedad está sujeta a una evolución continua. Sin embargo, mis interlocutores, sobre todo los jóvenes, se dan cuenta de que el cartel artístico polaco es distinto del que están acostumbrados a ver en sus países. Siempre despierta su interés, por su aire con frecuencia misterioso y por su capacidad de provocar vivencias estéticas. Nuestra postura es más crítica, porque sabemos lo que hemos perdido (me refiero sobre todo al cartel cinematográfico).
En opinión de los distribuidores, el cartel cinematográfico artístico ha dejado de lado su función publicitaria, encaminada a influir en las decisiones de los posibles espectadores, debido a que su valor artístico, muchas veces basado en una interpretación excesivamente libre, no ha podido suplir con éxito la falta de información concreta. Personalmente, no comparto este argumento: recuerdo muy bien cómo, en numerosas ocasiones, carteles muy logrados artísticamente me arrastraron a ver películas de poco valor. Sin embargo, no estoy seguro de que, de haberse tratado de carteles fotográficos, no se me habrían quitado instantáneamente las ganas de ver la película, como me ocurre hoy habitualmente.
Nuestro entorno está cambiando continuamente. Varían las exigencias de los contratantes, las necesidades, los que toman las decisiones y los patrocinadores. Cambia el ritmo de vida, los estilos y los gustos, y, consecuentemente, cambia también el cartel, para el disgusto de sus antiguos admiradores. Sin embargo, parece difícil que el cartel pueda seguir siendo en la actualidad como fue en la época del triunfo de creadores –ya fallecidos– tales como Tomaszewski, Zamecznik, Lenica, Cieślewicz o Młodożeniec, del mismo modo que los carteles de Bartłomiejczyk, Gronowski, Trepkowski o Skolimowski eran distintos de los de Axentowicz, Frycz, Mehoffer o Sichulski.
Así las cosas, podemos preguntarnos: ¿es realmente ofensivo para la Escuela Polaca del Cartel afirmar sobre un buen artista contemporáneo que sus obras comparten el espíritu de dicha Escuela?
Deberíamos enorgullecernos de que el cartel polaco goce de una buena salud y sea apreciado también en el extranjero. Si bien es cierto que su forma actual difiere de la de hace veinte o treinta años, en esto precisamente, entre otros factores, consiste el progreso. Tenemos la suerte de haber disfrutado ya de varios decenios de paz, ajenos al cataclismo de las guerras. En la actualidad viven y crean sus obras artistas pertenecientes a diferentes generaciones, de ahí la gran variedad de estilos. Por lo demás, al igual que antes, el cartel expresa una realidad cambiante, constituye el espejo de una época en la cual los artistas gráficos polacos, que se sirven de técnicas cada vez más novedosas a la hora de crear sus carteles, podrían clasificarse en dos corrientes tradicionales: la intelectual y la emocional. La primera, a través de un trabajo de síntesis y metáfora pretende suscitar en el receptor un pensamiento autónomo, mientras que la segunda, de un carácter predominantemente pictórico y emotivo, se remite a la tradición artística y cultural polaca, actuando poderosamente sobre la imaginación del espectador.
Hemos entrado en el siglo XXI con un cartel artístico que, por una parte, se revela como el heredero de las mejores tradiciones forjadas en el siglo anterior, y por otra, apunta a una búsqueda y se muestra abierto al conjunto de las tendencias mundiales del momento. Como bien sabemos todos, el cartel debe cumplir determinados requisitos fundamentales: ser útil y representar un valor artístico, y, a la vez, mantenerse al corriente de la vida.
No es mi intención analizar y evaluar en detalle la obra de los creadores de carteles polacos en los primeros años del nuevo siglo. En cambio, sí aspiro, en la medida de lo posible, a presentar de un modo objetivo la creación tanto de los recién llegados al arte de cartel como de sus veteranos, con el fin de documentar el desarrollo del cartel artístico y de sus autores, señalizando fenómenos que probablemente tan sólo seamos capaces de valorar adecuadamente desde una cierta perspectiva del tiempo.
El período de los últimos diez o veinte años corresponde en Polonia a una época poco favorable al arte cartelístico. Otros medios, que representan su competencia, niegan prácticamente su sentido y valor. Pero, ¿no había sucedido esto ya en el pasado? Basta con hojear publicaciones y artículos de hace varios decenios y también algunas mucho más recientes. Ha habido numerosos profetas que anunciaron el fin del cartel. ¿Es cierto que el cartel esté condenado a extinguirse? Quisiera plantear esta pregunta a través de una selección de obras creadas en los primeros años del nuevo siglo, que se ofrece en el presente volumen.
Estamos asistiendo en la actualidad al implacable avance del arte contemporáneo, que ya no se contenta con el uso de lápiz, pincel, dintel, papel, pintura y escayola, sino que reclama el apoyo de costosos equipos de vídeo, proyectores de imagen, ordenadores y otros aparatos electrónicos, y lo hace a codazos, con insistencia y agresividad, que calificaría incluso de desfachatez. Exige grandes sumas de dinero, fondos para publicidad y directivos hábiles. Se hace acompañar obligatoriamente del escándalo; es como la vida y la política que nos rodean. También el cartel se deja seducir a veces por esta tendencia provocadora, aunque la presencia de este fenómeno en su imagen global es marginal. En los últimos años las artes aplicadas en raras ocasiones van asociadas al ambiente de escándalo que acompaña constantemente a las exposiciones del arte polaco más reciente , si bien podemos estar seguros de que esta imagen amable no facilita la entrada en las salas de exposiciones.


Krzysztof Dydo

Galeria Plakatu - Poster Gallery



El artículo forma parte del álbum: "El cartel polaco del siglo XXI", Galeria Plakatu, Cracovia 2008