En Polonia

  • FALLECE LA PREMIO NOBEL, WISLAWA SZYMBORSKA

szymborska1

Foto PAP/Jacek Bednarczyk

Fallece a los 88 años la escritora polaca, que obtuvo el Nobel de Literatura en 1996 por su “irónica precisión” al retratar la realidad humana.

Wislawa Szymborska nació el 2 de julio de 1923 en Bnin (Kórnik), cerca de Poznan, pero la mayor parte de su vida transcurrió en Cracovia. Su poesía se podía describir como modestamente dosificada, como el medicamento más apreciado; siempre sorprendente: como la famosa y repetida reverencia de la ceremonia de entrega del premio Nobel en 1996, que captura en un irónico paréntesis de tono científico la fundamentación de ese premio: "a una poesía que con una precisión irónica permite al contexto histórico y biológico mostrarse en los fragmentos de la realidad humana".

Wisława Szymborska
Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.

[traducción de Abel A. Murcia Soriano]

LEER LA ENTREVISTA CON SZYMBORSKA

 

  • CRACOVIA, LA CUIDAD ABIERTA

KRAK__W

Cracovia, una ciudad de más de mil años de historia, durante varios siglos capital de Polonia, sigue siendo considerada como tal por muchos de sus habitantes. Los cracovienses contraponen el encanto de las antiguas y silenciosas callejuelas adoquinadas, incontables monumentos con los que se podría obsequiar a unas cuantas ciudades más, fantásticos museos y cafeterías, una atmósfera de tranquilidad y magia a la ruidosa y moderna Varsovia. Cracovia es una ciudad universitaria, más de cien mil estudiantes estudian en doce escuelas superiores lo que hace de una ciudad vieja de cuerpo una ciudad joven de espíritu.


A diferencia de Varsovia, Cracovia no quedó destruida durante la II Guerra Mundial. Se conservó por completo la parte histórica de la ciudad (algunas construcciones, por ejemplo la iglesia de San Adalberto en la Plaza Mayor o la iglesia de San Andrés en la calle Grodzka datan de los siglos X y XI, o sea la Alta Edad Media). Los dos mayores atractivos de Cracovia son el gran castillo en el monte de Wawel, sede de los reyes polacos y la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad rodeado de casas antiguas donde se centra la vida cultural y social de los habitantes de Cracovia. El monte de Wawel y el casco viejo de Cracovia fueron inscritos en la primera lista del Patrimonio Mundial de Cultura de la UNESCO creada en 1978. En aquel entonces esa prestigiosa distinción fue concedida tan sólo a 12 de los más valiosos monumentos más valiosos del mundo.

Wawel, situado en la ribera del río Vístula fue habitado desde la antigüedad (50 mil años a.C. allí vivían cazadores de mamuts). El castillo real y la catedral de Wawel, reconstruidos a lo largo de años, constituyen una mezcla de estilos arquitectónicos románico, gótico y renacentista. La capilla Zygmuntowska es una obra maestra del arte renacentista y es un punto imprescindible de toda excursión por Wawel. También vale la pena subirse a la torre Zygmuntowska donde se encuentra la, hasta hace poco, campana más grande de Polonia, hecha por encargo del rey Segismundo I el Viejo con tubos de cañón en 1520. La campana suena tan sólo durante las fiestas nacionales más importantes; para ponerla en marcha se necesitan diez personas (la campana pesa 12,7 toneladas) y su voz se oye en un radio de 12 kilómetros fuera de Cracovia. En la Noche Buena de 2000 se rompió el badajo de la campana de Segismundo y muchas personas lo consideraron un mal augurio. Un badajo nuevo de 300 kilos de peso fue hecho y montado en pocos meses pero la campana pasó por una aventura aún peor: ya no es la más grande de Polonia, el santuario de los padres marianos en Lichen en Kujawy tiene una más grande.


Paseando por el monte de Wawel, más que en ninguna otra parte de Cracovia, se siente el aliento de la historia. En Wawel yacen los reyes de Polonia y conocidos polacos: Tadeusz Kosciuszko, Józef Pilsudski y Wladyslaw Sikorski. La proximidad de la historia se siente también al pisar los suelos de las cámaras y aposentos reales, visitando el tesoro y el arsenal. Wawel posee una colección de más de cien grandes tapices renacentistas, la más grande y la más valiosa del mundo que también se puede visitar.

Rynek Glowny (la Plaza Mayor) es una de las plazas medievales más grandes de Europa (200 × 200 metros). Es bella durante todo el día y todo el año. Igual que hace siglos es el centro de vida de la ciudad siendo un verdadero "salón" de cultura, comercio y turismo. Casi todas las casas, aparte de tener apartamentos habitados, acoge cafeterías, restaurantes, bares, galerías, tiendas y museos. Las floristas desde hace siglos tienen sus puestecillos en la plaza y los músicos ambulantes cuentan con algún dinero. En verano en la plaza se instalan también pintores, vendedores de rosquillas, recuerdos y otras cosas más o menos útiles. Siempre hay muchos turistas, estudiantes y palomas.
Los edificios más famosos de la Plaza son la iglesia Mariacka y Sukiennice. La iglesia, una basílica gótica de los siglos XIII - XV esconde en su interior un verdadero tesoro: el más grande y uno de los más bellos altares medievales de Europa realizado por Weit Stoss. El altar mide 13 metros de altura y 11 de anchura. Contiene 300 figuras esculpidas que miden de 3 centímetros a 3 metros. El maestro construyó durante 12 años. A todas las horas en punto desde la torre más alta de la iglesia se oye un toque de trompeta dirigido a las cuatro partes del mundo.


Además del castillo de Wawel y la iglesia Mariacka los Sukiennice, de 108 metros de longitud, son el símbolo arquitectónico más famoso de Cracovia. Desde del siglo XIII han sido un centro comercial y se puede decir que lo siguen siendo hoy en día. En su interior, en dos filas, están distribuidos puestos con recuerdos, artesanía y bisutería (piezas de ámbar y plata de una belleza extraordinaria); siempre hay mucho ruido y mucha gente. Aparte de los Sukiennice en la Plaza se conserva la iglesia de San Adalberto del siglo XI y la Torre del Ayuntamiento (el ayuntamiento, sede medieval de las autoridades municipales, fue desmontado a principios del siglo XIX a causa de su progresivo deterioro), los dos únicos edificios que quedan de los edificios que hubo en la Plaza.


Pero sobre el casco viejo de Cracovia vuela no sólo el espíritu de la historia sino también, y quizás sobre todo, el de... ¡la juerga! Y esa juerga tiene lugar sobre todo en... los subterráneos. Es allí, en los sótanos de las casas antiguas donde hay más de cien restaurantes, bares y cafeterías. Los locales de Cracovia, de los que cada uno tiene un ambiente y decoración irrepetibles, son una excepción a nivel nacional lo cual hace que durante los fines de semana a Cracovia vaya gente de distintas partes de Polonia. En verano las cafeterías y bares se trasladan al aire libre rodeando así la Plaza con terrazas vivas y coloreadas.


Sin embargo en Cracovia hay un lugár fascinante en todos los sentidos. Es Kazimierz, un barrio judío, hace siglos una ciudad aparte fundada en 1335 por el rey Casimiro el Grande (de ahí el nombre, en polaco Casimiro es Kazimierz), hoy parte de Cracovia, pero ¡qué distinta e independiente en su carácter! Hay allí sinagogas (la más vieja es del siglo XV), calles estrechas, casas pequenas y un cementerio judío del siglo XVI. Durante la II Guerra Mundial los judíos fueron desplazados de Kazimierz por los alemanes y aparentemente es un lugar gris y vacío. Pero son tan sólo apariencias ya que un paseo entre las callejuelas abandonadas y descuidadas es una experiencia excepcional; parece que hay lugares que no han cambiado nada desde hace siglos mientras que en el interior de las casas hay hoteles de lujo y restaurantes de cocina judía y, por supuesto, no faltan bares fantásticos con un ambiente muy específico.