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Witold Lutosławski: un compositor del siglo XX

Música
Witold Lutosławski: un compositor del siglo XX

Witold Lutosławski (cuya pronunciación sería 'vitold lutosuafski') es uno de los compositores más importantes del siglo XX que, al margen de su vínculo con la vanguardia musical de la década de los 60, hoy en día está considerado ya un clásico de la gran música europea que refleja en la evolución de sus cuatro etapas compositivas algunas de las vicisitudes más importantes que la música ha desarrollado a lo largo del llamado siglo corto: se dice que el siglo XX, al margen de su medición temporal en 100 años, nació con la 1ª Guerra Mundial y finalizó con la caída del Muro de Berlín, cronología que coincide con la trayectoria vital del compositor polaco, 1913-1994.

PRIMERA ETAPA. OBRAS DE CARÁCTER NACIONALISTA

Witold Lutosławski nace en Varsovia el 25 de enero de 1913 en el seno de una familia de origen aristócrata de gran inquietud intelectual. Su padre, Józef, fue un importante político que murió fusilado cuando el compositor contaba cinco años de edad, pero también fue un excelente pianista aficionado que estudió piano en Suiza mientras realizaba los estudios universitarios, transmitiendo el interés por la música a su familia. Su madre, María Olszewska, realizó una carrera universitaria en una época en la que no era frecuente que las mujeres fuesen a la universidad. Entre sus familiares directos cabe destacar la figura de su tío paterno Wincenty Lutosławski, importante filósofo dedicado principalmente al estudio de la obra de Platón, que residió bastantes años en España y se casó con la poetisa gallega Sofía Casanova, que era muy popular en el Madrid de finales del s. XIX por sus recitales de poesía acompañada de intérpretes femeninas de piano o arpa.
Lutosławski comienza a estudiar piano a la edad de seis años; a los trece comienza el estudio del violín con Lidia Kmitowa, y a los quince comienza a estudiar seriamente la composición con Witold Maliszewski, que le acepta tan joven después de conocer las obras que había compuesto libremente desde los nueve años. En 1936 se gradúa en piano y en 1937 en composición.

fot. Andrzej Zborski © IMIT


Entre 1922 y 1938 Lutosławski compone numerosas obras, muchas de las cuales se perdieron durante la 2ª Guerra Mundial. Con Variaciones sinfónicas compuestas entre 1936 y 1938 e influenciadas por Stravinski y Szymanowski, Lutosławski entra en conflicto con su profesor, que le confiesa sentirse perdido en esa jungla musical. Dicha obra muestra ya a un prometedor compositor de 25 años interesado de lleno en una atonalidad libre y en los nuevos colores orquestales, siendo estrenada en 1939 por la Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca.
La intención de Lutosławski, de ir a París a estudiar con Nadia Boulanger se ve truncada por la obligación de realizar el servicio militar y, unos meses después, por la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939 por los alemanes nazis. En Cracovia es hecho prisionero por el ejército alemán y a los 8 días consigue evadirse de la prisión junto a un grupo de soldados, recorriendo a pie los más de 400 km. que le separaban de Varsovia, donde se instala y pasa los cinco años de ocupación alemana. En estos años, los nazis dictaminan que los polacos son un pueblo de segunda categoría y que no tienen derecho al acceso de la verdadera cultura. Así, se lleva a sus últimas consecuencias la máxima de Goebbels: los polacos no deben tener ni teatros, ni cines, ni salas de conciertos que puedan recordarles lo que han perdido. Esto motiva que la resistencia, para salvaguardar el patrimonio polaco, organice todo tipo de actividades en la clandestinidad, y una de ellas son los conciertos en cafés. Lutosławski forma un dúo de pianos con el también compositor Andrzej Panufnik, y realizan más de doscientas transcripciones para esta formación de todo tipo de música.
Al terminar la guerra, Polonia era un hervidero cultural en busca de una identidad que la resistencia se había encargado de mantener viva. Solamente en el año 1945 fueron creadas 12 orquestas sinfónicas, 3 óperas y varios conservatorios, todo ello en condiciones muy rudimentarias pero con un número de manifestaciones musicales que sobrepasaban los anteriores a la guerra. En estos años, además de numerosas bandas sonoras para el cine, Lutosławski recibe el encargo de la editorial de música polaca (Polskie Wydawnictwo Muzyczne) de componer obras, utilizando la música popular del país, tanto para el concierto como para la enseñanza. Así, surgen varias colecciones de villancicos navideños y las Melodías populares (Melodie ludowe), selección de 12 canciones realizada en 1945.
La obra que culmina todos estos años de estudio, aprendizaje y descubrimiento de la gran música del siglo XX es la Sinfonía nº 1 que, como diría el autor años más tarde, fue algo así como la expresión de la atmósfera musical en la que nací y me desarrollé. En 1941 comienza Lutosławski la composición de la que sería su primera sinfonía. La obra es estrenada en Katowice en 1948 otra vez por la Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca dirigida por Grzegorz Fitelberg, director que sentía un entusiasmo inusual por la música del compositor polaco y lo proclamaba ya como un futuro grande de la composición. Sin embargo no todos fueron parabienes en torno a esta obra. En una interpretación en Varsovia en el otoño de 1949 con motivo del concierto de la gala de apertura del Concurso Chopin de piano, varios miembros rusos del jurado mostraron su desaprobación con la obra levantándose y saliendo ostensiblemente de la sala. Según cuenta Charles B. Rae en su libro sobre Lutosławski, el viceministro de cultura, Sokorski, después del concierto parece ser que dijo: un compositor como Lutosławski debería arrojarse bajo un tranvía. Así, la sinfonía fue proscrita y no fue interpretada nuevamente en Polonia hasta diez años después.
Los años que siguen al estreno de la Sinfonía nº 1 y hasta el estreno del Concierto para Orquesta (1954) son años de cierta oscuridad que al autor no le gustaba hablar especialmente de ellos. Son años en los que el gobierno comunista polaco potencia ante todo el arte de inspiración popular e impone el Realismo Socialista. Lutosławski rechaza convertirse en un segundo Shostakovich como pretendían los dirigentes culturales y años después comentaba: Yo nunca escribí nada que tuviese complicidad con los requerimientos oficiales, pero tampoco era adverso a la idea de componer piezas por necesidad social, por ejemplo canciones para niños y similares. Durante estos años, al margen de las obras que tiene que realizar de oficio, comienza a experimentar buscando un nuevo lenguaje de manera casi clandestina, siendo su banco de pruebas las músicas incidentales que realiza para cine y teatro.
Dos obras culminan y cierran esta 'primera etapa' de la música lutosławskiana en la que predominan las obras de carácter nacionalista basadas en el folklore y que coinciden en sus estrenos, cronológicamente, con el fin del período político estalinista y los comienzos de una tímida apertura cultural: el Concierto para orquesta, compuesto entre 1950-1954 y estrenado en noviembre de ese último año por la Orquesta Filarmónica Nacional de Varsovia y los Preludios de danza de 1954. Si esta última obra supuso el adiós del compositor a la utilización de material folklórico como base de la composición, el Concierto para orquesta fue un auténtico acontecimiento cultural en Polonia que le granjeó al autor varios premios.

SEGUNDA ETAPA. TRANSICIÓN

En los años siguientes al estreno de este Concierto para orquesta, Lutosławski da un giro importante en su concepción musical sustentado en las búsquedas que había realizado durante los años oscuros. En esta transición, que se podría denominar su 'segunda etapa', produce el compositor polaco pocas pero muy significativas obras, coincidiendo este giro musical con la apertura política y el cambio de actitud sobre el arte que se produce en las autoridades polacas. Son años en los que se puede escuchar, por fin, en Polonia la última música producida en los países fuera de la órbita soviética; Lutosławski viaja por primera vez fuera del bloque de los países socialistas y toma parte activa en algunas manifestaciones de música actual.

fot. Andrzej Zborski © IMIT

La primera obra de este giro decisivo son las Cinco canciones sobre poemas de Kazimiera Iłłakowiczówna. Lutosławski aplica en esta obra los estudios armónicos que venía realizando sobre acordes de doce sonidos, dando más importancia al elemento armónico que a los demás, destacando en esta obra el contraste que hay entre el tratamiento 'tradicional' que da a la voz y los hallazgos armónicos. Otra obra de esta época es la dedicada a la memoria de Béla Bartók en el décimo aniversario de su muerte, Música fúnebre, compuesta entre 1954-58 y estrenada en marzo de ese último año.
La última obra importante de este período de transición la proyecta el compositor polaco como tres movimientos cortos para orquesta que se concretan en Tres postludios, compuestos entre 1958-60. En 1963 la Cruz Roja Internacional, para conmemorar su centenario, pidió a Lutosławski que colaborara con alguna obra. El compositor revisó el primer Postludio, subtitulándolo Per humanitatem ad pacem, y este fue estrenado en Ginebra en 1963.

 

TERCERA ETAPA. LA AVENTURA DE LA COMPOSICIÓN: NECESIDAD Y AZAR
 

A finales de los años cincuenta Lutosławski se encuentra en una crisis estilística: Es en este momento, que he escuchado por primera vez en la radio el Concierto para piano de John Cage y que he tenido, en una fracción de segundo, una intuición que ha sido para mí de gran importancia. He sentido que un buen punto de partida para componer consistiría en tomar no una célula para desarrollar, sino al contrario un conjunto caótico de sonidos del cual se tratara enseguida de eliminar lo que es superfluo y en el cual importase encontrar un orden. En este proceso el elemento del azar juega un papel de primer plano y es en este momento preciso que me he lanzado en la vía de la aleatoriedad.
Así surge en su música lo que llama el 'contrapunto aleatorio': un contrapunto lineal que se desarrolla sin reglas, libremente, pero con un control del compositor sobre alturas, duraciones y otros parámetros musicales. Y sobre estos principios  desarrollará las obras de aquí en adelante.
La primera que surge en este momento es una obra fundamental que determina los años de madurez de Lutosławski y que da comienzo a la denominada 'tercera etapa', una época en la que prácticamente todas las composiciones se pueden denominar como obras maestras. Esta obra, que compone entre 1960-61 y que es la primera que nace bajo el pensamiento aleatorio, es Jeux vénetiens (Juegos venecianos). A raíz de su estreno, Lutosławski obtiene el definitivo reconocimiento internacional y su música se interpreta regularmente en los centros más importantes de la música actual. 

fot. Juliusz Multarzyński © IMIT


Lutosławski se plantea la composición de una obra coral, con un intento deliberado de romper tanto con la tradición de la música coral como con la producida en el período 'serial' o 'post-serial' ‒ acordes extremadamente complejos y secuencias de intervalos muy difíciles de cantar ‒, por lo cual su intento supone un viaje a lo desconocido. La elección del texto es de suma importancia: por una lado está el problema del idioma polaco, de gran dificultad para los intérpretes que lo desconocen, lo que le decide a elegir una lengua universalmente conocida como es el francés, la más próxima después de mi lengua materna, cuyas vocales, sobre todo las nasales, me producen un placer puramente sonoro, y su acento tónico sobre la última sílaba determina una cierta escritura rítmica diría el compositor; y por otro está la afinidad con un poeta, su mundo onírico, surrealista, Henri Michaux, poeta y pintor, viajero enigmático que experimenta con drogas como la mescalina y otros alucinógenos. Pero también la forma de sus poesías, que están escritas la mayor parte en una mezcla de verso y prosa, y los versos mismos son irregulares, lo que permite una gran variedad rítmica y formal. En la escritura para el coro se utiliza, en vez del pentagrama tradicional, tres líneas que dividen diferentes afinaciones indeterminadas. La obra requiere de dos directores, uno para el coro y otro para la orquesta, que funcionan autónomamente aunque dependiendo, con cierta libertad, de lo que haga cada uno. Pensamientos, El gran combate y Pausa en la desgracia son los poemas elegidos. El estreno de esta obra supuso un acontecimiento internacional en el campo de la música de gran importancia, situando a Lutosławski como uno de los compositores más importantes del momento y recibiendo numerosos honores y premios.
La siguiente obra que compone, durante el año 1964, es su Cuarteto de cuerda encargado por la Radio Sueca. El concepto de contrapunto aleatorio unido a la organización del tiempo está llevado en esta obra hasta sus últimas consecuencias y en ese sentido Lutosławski escribió la obra, en un principio, como cuatro partes, una para cada instrumento, ya que durante la mayor parte de la obra los músicos van tocando independientemente unos de otros.
Otro elemento importante que inaugura Lutosławski en esta obra y que desarrollará en casi toda su producción posterior es la forma binaria entendida de una manera muy personal: En los clásicos la parte más rica de la obra es siempre la primera. El final es más ligero. Solamente en la época del Romanticismo tardío se decantan dos partes principales, por ejemplo en Brahms, pero hay demasiada riqueza y esta plenitud produce en el oyente una cierta fatiga. Yo he querido, para evitar este peligro, encontrar una forma que, en las grandes proporciones, fuese digerible. He hecho lo contrario de los clásicos, he colocado el centro de gravedad hacia el fin. Esta aplicación es el resultado de meditaciones durante años sobre la forma.
En el verano de 1965 Lutosławski comienza a componer la que sería su Sinfonía nº 2, su primera gran obra sinfónica en esta nueva andadura estética. Aquí el título de sinfonía no tiene nada que ver con el concepto formal clásico, sino que responde a la idea de una gran obra sinfónica para gran orquesta, una obra de grandes dimensiones a la manera de una pintura mural. La obra surge como una propuesta de la Orquesta de la Radio del Norte de Alemania en Hamburgo.
Durante estos años, la carrera musical de Lutosławski es pródiga en reconocimientos, premios a sus composiciones y distinciones de doctor Honoris Causa o Miembro de Honor de varias universidades y academias de Bellas Artes de Europa y Estados Unidos. Su música se interpreta con gran asiduidad y es invitado regularmente a dar cursos de composición o dirigir sus obras en los centros musicales más importantes. En dos ocasiones, 1962 y 1966, viaja a EEUU donde imparte varios cursos de composición y su música es interpretada por las grandes orquestas americanas. En Europa se reconoce su papel como puente entre el viejo y nuevo estilo musical, su maestría como compositor, la cual es vía de inspiración en la vida musical de nuestra época, y su liderazgo en la reconstrucción de la vida musical polaca de posguerra.
Si todas las obras compuestas por Lutosławski durante esta 'tercera etapa' se pueden considerar obras maestras, la obra que compone entre 1969-70 ocupa un lugar preferente: se trata del Concierto para violoncello y orquesta. Prácticamente la totalidad de los grandes solistas de cello tienen en repertorio esta gran obra, siendo también uno de los conciertos para cello de este siglo que más veces se ha llevado al disco. El Concierto, además de explorar elementos de escritura cellista, desarrolla otro aspecto importante de la escritura lutosławskiana: por primera vez el compositor sistematiza de forma clara y muy convincente un sistema de flechas para el director y los instrumentistas de manera que se pueda conjugar sin problemas la escritura aleatoria, 'ad libitum', y la de métrica obligada, 'a battuta'.
Otras numerosas obras sinfónicas, como Paroles tisées, Livre pour orchestre, Preludes and Fugue, Les espaces du sommeil, Mi-parti o Novelette, compone Lutosławski durante estos años, pero quizás la más representativa de todas ellas, compuesta a lo largo de diez años, sea su tercera sinfonía.
A principios de los años setenta Lutosławski recibe un encargo de la Orquesta Sinfónica de Chicago para componer una gran obra sinfónica. En esta nueva obra, que cierra y culmina la 'tercera etapa', está prácticamente todo Lutosławski y la mayoría de las cuestiones musicales referidas a piezas anteriores. La  Sinfonía nº 3 fue estrenada en 1983 por la Orquesta Sinfónica de Chicago.

CUARTA ETAPA: VOLVER LA VISTA ATRÁS
 
A partir de los años ochenta Lutosławski se plantea una nueva fórmula de desarrollo musical. Se trata de una estructura con dos partes independientes. En el interior de cada una de estas partes, las secuencias o secciones comienzan y acaban en momentos diferentes, además el principio y el fin están encadenados a su vez a otras secuencias vecinas, y así sucesivamente. Ello conforma una estructura que sugiere el simbolismo de una cadena con sus eslabones y de ahí el nombre que Lutosławski da a esta nueva estructura formal: CHAIN, palabra inglesa que significa cadena. Bajo esta nueva idea surgen tres obras: en 1983 Chain I para grupo de cámara; en 1984-85 Chain II, subtitulado Dialogo para violín y orquesta, obra que le encarga una vez más el director suizo Paul Sacher para que la estrene la violinista Anne-Sophie Mutter; en 1986 Chain III con destino a la Orquesta Sinfónica de San Francisco, y en medio de estas Chains compone en 1984 la Partita para violín y piano.

fot. Juliusz Multarzyński © IMIT


Dejando uno de los legados musicales más impresionantes del s.XX ‒cuyos manuscritos se conservan en el Archivo de manuscritos musicales de la Fundación Paul Sacher de Basilea‒ Witold Lutosławski muere en Varsovia el 7 de febrero de 1994. Su inseparable esposa, Danuta, fallece 11 semanas después.


T. Garrido es músico, compositor, director de orquestra e investigador. Colaboró como violoncelista con grupos de música contemporánea, flamenco, jazz y pop‒rock. En 2006 fue galardonado con el Primer premio en el Concurso Internacional de Compositores ‘Premios Lutosławski’ de Varsovia. En su faceta de director de orquesta y musicólogo dedica un especial interés en recuperar la olvidada música española de los últimos siglos. Actualmente es director de Camerata del Prado.

 

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